Siempre me he preguntado: “qué hace la gente que no dibuja?”, como si no dibujar fuera un pecado mortal. La cuestión llega cuando en la cuarentena, teniendo tiempo de sobra, incluso aquellos que si dibujamos y le entregamos tanto a esta actividad, que debimos crear y buscar dinámicas que nos permitieran crear aún más, darle propósito temporal a lo que hacemos y aprovechar cada momento.

 

Ahí fue cuando apareció en redes sociales el “six fan art challenge”, que consistió en utilizar la casilla de preguntas de las historias de Instagram para pedir a los seguidores que propusieran personajes a los cuales crearles un fan art. Yo elegí los seis que más me llamaron la atención y que no se alejaran de mis capacidades ilustrativas y técnicas. Además, para darle un poco de interés al reto, también tuve en cuenta el color, e hice que el protagonista fuera el rojo.

 

 

 

 

 

 

 

En mi instagram constantemente publico fotos de mis cuadernillos de dibujo y procesos, aquí dejo el link www.instagram.com/yosoloqueriajugar/

 

 

Decir el motivo real por el cual diseñe esta imagen, me podría llegar a meter en problema, así que dejaré que esta pieza y su función hable por sí sola.

 

Desde el dibujo digital, hasta escribir con un lápiz sobre la imagen impresa fue un proceso de composición; de ordenar elementos, de resaltar ese factor comunicativo hasta un lugar más cómodo, pero no obvio, llevar esta imagen a las calles y propiciar la interacción con el espacio, con el clima, incluso con algunas personas, y finalmente ver el deterioro de la misma en un ambiente cotidiano.

 

Un proceso muy divertido, que me permitió explorar el comportamiento de una pieza en la normalidad de la calle, en la sinceridad de un entorno sin condicionantes diplomáticos, y el sentimiento de deconstruir a través de la naturalidad del desgaste una creación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque eso de pintar los figurines y las manos de madera son un cliché tremendo, no quería quedarme sin hacerlo, y qué mejor forma que con flores y arabescos azules. Esto, no fue más que un ejercicio de pintura sobre madera que ahora son objetos de decoración que proponen tendencias y marcan la diferencia.

 

 

Un hermoso viaje de tres meses por Europa, se resume en estas tres piezas, que dejan ver lo que más disfruté de tres ciudades (Madrid, Porto y Praga) que realmente fueron dignas de aparecer en esta colección, que espero sea mucho más grande, y que pueda ser un álbum de recuerdos ilustrados.

 

 

 

 

 

 

Dos encargos específicos y especiales, que a pesar de tener claro su objetivo, me permitieron llegar hasta donde yo quise; sin restricciones conceptuales, pero con la idea clara. No pretenden generar reflexiones directas, o modificar maneras de pensar o de sentir; pero siempre hay una fracción de todo esto en cada pieza que hago; así que no son solamente dibujos de gran formato y eso está claro.

 

Darme cuenta que cada pieza requería mucho tiempo para estar lista, que cada pincelada de tinta tenía que penetrar el papel y asentarse en su sitio para continuar dando capas de aguada y generar las texturas que quería, fue una de las cosas más sorprendentes de estas piezas, ya que fueron horas de trabajo y de esfuerzo, que quizás no tenía presupuestado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Al final, me hubiera encantado que las dos piezas quedaran juntas, una frente a otra como compositivamente están planteadas.

 

Hay veces en las que crear con total libertad puede ser muy positivo y este es el ejemplo perfecto en el que sólo la idea del concurso de Relatos Hiperbreves pude generar un concepto en el cual apartir de la lectura crear un viaje de cada una de las personas que se lleguen a unir a la constitución de este libro y vivir una fantasía sin limites.